La linda, la activa, la que se mueve. En Salta pasan cosas. Y no solo las que ocupan últimamente las páginas policiales de los diarios.
La semana pasada recibí un sobre de papel madera con un par de revistas y cinco discos. Primero sentí envidia. Después admiración y sorpresa. Al final, me di cuenta de que lo que se viene viendo en los últimos años en esa provincia está dando sus frutos.
El Estado y varias empresas privadas están poniéndole el pecho a la movida cultural salteña. Del folclore mucho no hace falta hablar, porque hay tradición. Pero el rock es el que crece en todas las direcciones: se formó un público, las bandas se profesionalizaron y se multiplicaron, hay medios de comunicación desarrollados a su alrededor...
La revista "Rock Salta" ofrece coberturas, informes, críticas. Habla del rock en general, de su historia en el mundo y en el país, pero sobre todo de la movida en esa provincia y en la región.
Los discos dan verdadera envidia. Y no existe la sana: es envidia lisa y llana. Ediciones de lujo, buena calidad de sonido, bandas contundentes. Sellos y productoras que editan y... ¡producen!
A la distancia, que no es tanta pero es real, pareciera que los astros se alinearon en Salta como no ocurre en Tucumán, a pesar de que tenemos historia, fuerza, calidad y varios puntos más a favor.
Los aulladores y chantas, que los hay a montones, no pueden ser la razón para que el carreteo no llegue a despegue. Porque por cada uno de ellos hay tres, cuatro o cinco músicos que dejan todo por entregar un buen tema o un show atractivo. Tampoco la desidia estatal, que disfraza de interés sus espasmos primaverales; ni la ausencia de sponsors fuertes que apuesten en serio por una movida que mueve.
Todo eso tiene Salta. Da envidia. Y también bronca, porque en Tucumán hay condiciones para romper la tibieza y empezar a hervir.